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Alimentos transgénicos

(27-01-01)

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Asociación Ecologista Condor

 

LA ASOCIACIÓN ECOLOGISTA CÓNDOR CRITICA A LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS POR SER LOS CULPABLES DEL MAL DE LAS VACAS LOCAS
 

La Asociación Ecologista CÓNDOR, se ha dirigido a la ciudadanía almeriense para informarla y aclarar la situación que estamos sufriendo por el mal de las vacas locas.

Pues las diversas administraciones que se vienen pronunciando e “informando” están evidencian-do su más total irresponsabilidad, inutilidad e ineficacia: desde el mismo Gobierno Central, pasando por el Ministerio de Sanidad, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación; no menos penosa es la actuación del Gobierno Andaluz, cuya Consejería de Agricultura vuelve a dar, una vez más, la nota con sus declaraciones totalmente desafortunadas e engañosas.

La prohibición del uso de harinas procedentes de desechos cárnicos para la fabricación de piensos animales, así como la retirada del mercado de las harinas ya fabricadas, ha suscitado una situación que requiere adoptar medidas urgentes, pero algunas de las decisiones adoptadas por parte de las administraciones responsables son poco rigurosas.

La enfermedad puede surgir de la nada y estar latente durante años. La enfermedad de Creutzfeld-Jakob produce demencia y deja el cerebro lleno de agujeros, como una esponja.

El agente patógeno puede sobrevivir durante años enterrado en el suelo, hecho que preocupa por los casos en que se están destinando los despojos de ganado a los vertederos.

Las harinas se han convertido en residuos biocontaminados o MER (materiales específicos de riesgo) y su volumen estimado, ± 500.000 Tn, ha planteado la necesidad de elaborar un Plan Estatal para su tratamiento y destrucción.

De acuerdo a la información disponible, parece que el agente infectante es una proteína alterada –Prión (PrPCJD)- que tiene un comportamiento patógeno en el organismo. Estas proteínas pueden transmitir el defecto (plegamiento erróneo) a las proteínas normales causando una acumulación de las mismas, puesto que las enzimas, que en condiciones normales degradan las proteínas, no son capaces de descomponerlas.

Se ha detectado el PrPCJD en los nódulos linfáticos, amígdalas, hígado, riñones, bazo, pulmones, córnea y fluido cerebroespinal. También se ha encontrado en la sangre y la orina. Dada su mayor presencia parece que los órganos y tejidos de mayor riesgo se centran en el cerebro y tejido nervioso; aunque aparecen evidencias de que los linfocitos (un tipo de glóbulos blancos) pueden presentar una alta capacidad infectante de la sangre, así como un papel importante del transporte del PrPCJD al cerebro y el tejido linfático.

Se han identificado hasta el momento dos vías de infección: a través de alimentos, y por trata-mientos médicos y procedimientos quirúrgicos. Así mismo se sabe que resulta posible la transmisión de una especie a otra, si bien debido al fenómeno de la barrera de las especies esta transmisibilidad resulta muy improbable. Esto se concreta en que para la transmisión entre especies se necesita de 10 a 104 veces la cantidad de agente infectante que entre individuos de la misma especie. Aunque una vez superada esta barrera de las especies, el agente infectante parece adquirir una mayor virulencia.

Aunque las enfermedades espongiformes tardan mucho en manifestarse, tal vez varias décadas en los humanos, son muy virulentos. Según los científicos británicos, una vaca puede contraer EEB por ingerir un gramo de material infectado de otra vaca, cantidad que equivale a un grano de pimienta. Así mismo, el Comité Científico Permanente de la Unión Europea dice que “la dosis mínima infecciosa que se considera válida para los animales es la que debe aplicarse también a los seres humanos”.

Un animal puede albergar una enfermedad espongiforme y no mostrar síntomas. Los ratones infectados a través de priones de hámster permanecen aparentemente sanos durante un periodo de vida normal, aunque, de hecho, se vuelven muy infecciosos. Se cree que el ganado es infeccioso desde las primeras fases de incubación, mientras la enfermedad se extiende por el sistema nervioso central hacia el cerebro, el tejido más letal de todos.

La posibilidad de que un animal pueda ser infeccioso y no exhibir síntomas suscita la duda de si a las personas les pasa lo mismo. Por ejemplo, los científicos temen que un paciente al que no se le haya detectado Creutzfeldt-Jakob y que se someta a una operación por otro motivo pueda contagiarla a través de los instrumentos quirúrgicos.

Problemas ambientales y de salud pública con la incineración de las harinas contaminadas en cementeras

Ninguna fuente accesible y consultada sobre el tema, científica o divulgativa, establece que el único y adecuado tratamiento para los materiales contaminados sea la incineración.

La combustión de residuos de forma general puede liberar metales pesados contenidos en ellos así como dioxinas y furanos, como consecuencia del cloro que suele haber presente. Las harinas de animales contienen también cloro y metales, particularmente el zinc y el cobre, que igualmente podrían liberarse al ambiente en un proceso de incineración.

Según fuentes del Ministerio de Alimentación de Dinamarca, la incineración de carne y alimen-tos animales multiplica por 8 o hasta 16 veces la cantidad de dioxinas originarias en el residuo antes de incinerarse.

Un estudio realizado en 1996 en Estados Unidos estimó que las cementeras que incineran residuos peligrosos eran responsables del 23% de las emisiones globales de dioxinas del planeta (mientras que las cementeras que utilizan combustibles convencionales emitían el 11% del total). Este hecho se ha confirmado recientemente a nivel internacional, cuando en el Convenio Internacional sobre Contami-nantes Orgánicos Persistentes acordado el pasado mes de diciembre en Johannesburgo, se han incluido las cementeras que incineran residuos entre las cuatro fuentes más importantes de dioxinas y furanos.

Por estas razones, no parece por tanto que se pueda justificar la urgencia de la incineración de las harinas si antes haber estudiado las demás alternativas y demostrado que desde el punto de vista de salud y medio ambiente son menos beneficiosas.

De momento, la “urgencia” repentina (después de nueve meses de inactividad por parte del Go-bierno) sólo es una excusa que ha aprovechado el sector cementero para justificar su estrategia de con-vertir las cementeras en incineradoras encubiertas. Además de utilizar la situación de alarma social para sacar la ventaja económica añadida que supone la rápida amortización de las inversiones realiza-das para adecuar los hornos a la incineración de las harinas y otros residuos semejantes.

Ante esta imagen “colaboradora con el medio ambiente” que pretende dar la patronal ante la sociedad, es preciso recordar el escaso grado de cumplimiento que se ha dado al “Acuerdo de Colaboración entre el Ministerio de Industria y Energía y OFICEMEN”, para la elaboración y ejecución del Plan industrial-ambiental, firmado en 1996. En este se financiaba una serie de actua-ciones medioambientales:

1. Reducción y control de emisiones a la atmósfera

2. Gestión y tratamiento de residuos

3. Reducción y depuración de vertidos

4. Ruidos

5. Gestión ambiental

A modo de ejemplo, habría que destacar que la industria del cemento ni siquiera ha aportado al “inventario Nacional de Dioxinas y Furanos” los datos procedentes de su sector, siendo ésta una de las fuentes más importantes de emisión de estos subproductos.

En cualquier caso, y antes de que podamos encontrarnos con un problema mayor, resulta imprescindible la realización de una evaluación de riesgos ambientales y laborales para el Plan sobre las EEB. Podría resultar adecuado metodológicamente realizar un Análisis de Ciclo de Vida de las harinas.

Tratamientos alternativos a la incineración

Tras consultar otras fuentes se ha encontrado información relativa a la garantía de destrucción de los priones por tratamientos químicos o la esterilización por autoclave a altas temperaturas y presión controlada durante 4-6 horas. Así, por ejemplo, Paul Clement afirma: “... los procedimientos de esterilización capaces de inactivar el PrPCJD, tales como el autoclave prolongado o exposición a soluciones fuertes de hidróxido de sodio o hipoclorito de sodio,...”.

Es por todo ello que la Asociación Ecologista CÓNDOR se opone a la incineración en la localidad almeriense de Carboneras de los piensos retirados por este mal de las vacas locas.

Desde CÓNDOR se evidencia el malestar porque solo se acuerdan, industrialmente, de nuestra Provincia para actividades nocivas, aprovechándose del carácter permisivo de nuestras gentes.

Ya se quemaron en estos hornos el aceite de colza, con productos tan tóxicos que no procede comentarlos por ser ya de sobra, por desgracia, más que conocidos, y todo ello con el máximo secretismo. Aspecto muy criticado por CÓNDOR que señala que la legislación española permite el acceder a todo tema relacionado con el medio ambiente, pero en este caso la complicidad de la Administración con Hisalba hizo que se conociera el caso después de haberse producido.

Esta complicidad de Medio Ambiente con esta multinacional (Hisalba es propiedad de la multi-nacional suiza Holderbank) es muy sospechosa para los ecologistas. Pues si de verdad las incineracio-nes que está realizando Hisalba no son tan nocivas como ellos dicen es inexplicable el secretismo al respecto, pues nunca han facilitado informaciones, al respecto, requeridas por esta Asociación.

Y en este tema, de las vacas locas, la Administración nos está engañando desde el principio. Desde hace ya varios años se detectó el problema en Gran Bretaña. Se nos dijo que no había problema que estaba muy localizado allí. La verdad es que se ha corrido por toda Europa, incluida España. En la que hace unos días solo se había detectado un ejemplar, con este mal, en Galicia. Hoy están muriéndose por centenares y no saben ni que hacer con tanta vaca muerta, como triste ejemplo podemos citar el caso de la localidad coruñesa de Mesía.

Es evidente que este caso, más que anunciado, se le ha descontrolado a nuestras autoridades, evidenciando, una vez más lo irresponsables, ineficaces e inútiles que son. Aunque la mayor parte de la población no acabe de enterarse nunca.

Por esto mismo, desde el Grupo Ecologista CÓNDOR se duda que la incineración de estos productos tóxicos esté exenta de peligro, considerando que las altas temperaturas, que argumente Hisalba, sean, de por sí, garantía suficiente como para estar tranquilos. Hisalba está enviando a nuestra atmósfera muchos contaminantes y nosotros los estamos respirando.

El problema de los residuos tóxicos y peligrosos no se soluciona quemándolos y echando las cenizas, también tóxicas, al cemento, sino que deben de ser objeto de un tratamiento especial, pero no esta “chapuza nacional”.

 


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